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Seguros de contratistas: qué se exige y qué conviene verificar

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Casi toda empresa que trabaja con contratistas les pide certificados de cobertura de seguro antes de que entren a operar. Es el primer paso, y está bien instalado. Lo que pasa después está menos resuelto. Porque un certificado de cobertura dice que existe una póliza, pero dice poco sobre si esa cobertura efectivamente va a responder el día que ocurra algo.

Una precisión antes de partir: este artículo se centra en la sección  de seguros. El control de contratistas también tiene una dimensión laboral y previsional, que se maneja por una vía distinta.

Qué se exige, y quién lo define

La cobertura central en casi cualquier contrato es la responsabilidad civil. Cubre los daños que el contratista pueda causar a terceros o a bienes mientras ejecuta su trabajo.
A eso suelen sumarse los seguros de los equipos y vehículos que el contratista ingresa a la faena.
Un punto que conviene tener claro: no existe un mínimo legal único que aplique a toda industria. Los montos, las coberturas y los requisitos se definen contractualmente, en las bases de cada contrato. Eso significa que el estándar lo pone el mandante, y varía bastante de una industria a otra.

Lo que un certificado no siempre muestra

Acá está la parte que importa. Hay cuatro cosas que solo se ven abriendo la póliza.

La vigencia real. Un certificado emitido al ingreso corresponde a una póliza con una fecha de término. Si la relación con el contratista dura dos años y la póliza vence a los doce meses, ese certificado dejó de significar algo mucho antes de que la relación terminara. Verificar una vez no alcanza.

El límite disponible, no el contratado. Este es menos conocido. En las condiciones generales de varias pólizas depositadas en la CMF, cada indemnización que la aseguradora paga reduce la suma asegurada en el mismo monto. O sea que un contratista puede tener una póliza vigente con el límite correcto en el papel, pero si ya tuvo siniestros en el año, el monto realmente disponible para lo que queda de vigencia puede ser bastante menor.

Qué cubre realmente esa RC. Una póliza de responsabilidad civil general trae una cobertura base con exclusiones estándar —por ejemplo, los daños puramente patrimoniales sin daño físico, o los daños a la propia obra del contratista—. Además, ciertos riesgos habituales en faena no vienen incluidos por defecto y se contratan como coberturas adicionales: la responsabilidad civil patronal, que cubre accidentes de los trabajadores del contratista, o la responsabilidad civil cruzada, cuando varios contratistas conviven en un mismo lugar. Vale la pena confirmar que la póliza incluya los adicionales que el tipo de trabajo requiere, no solo la cobertura base.

Que la póliza corresponda a quien está trabajando. Si el contratista subcontrata parte de la obra, el seguro de la empresa principal no cubre necesariamente a esa tercera empresa.

Cláusulas específicas que algunos mandantes exigen

Estas no vienen por defecto en cualquier póliza. Son exigencias particulares que se establecen en las bases de contrato, más frecuentes en industrias con alta exposición.

Renuncia a subrogación en favor del mandante. Cuando una aseguradora paga un siniestro, se subroga en los derechos de su asegurado y puede intentar recuperar ese monto de quien haya causado el daño. Si esa aseguradora estima que el mandante tuvo alguna responsabilidad, puede dirigirse contra él. La renuncia a subrogación cierra esa puerta: la aseguradora se compromete a no ir contra el mandante. Se exige en las bases de contrato de algunas industrias, especialmente en operaciones con alta exposición.

Rehabilitación de la suma asegurada. Es la respuesta al punto del límite que se consume. Esta cláusula establece que, una vez liquidado un siniestro, la suma asegurada vuelve automáticamente a su valor original. Normalmente implica el pago de una prima adicional. Según la póliza, también se le llama reposición o restitución de la suma asegurada.

Por qué esto escala mejor con un sistema detrás

Verificar estos puntos en un contratista es una tarea acotada. Se abre la póliza, se revisan las condiciones, se pide lo que falte.
Con cien o doscientos contratistas, cada uno con pólizas que vencen en fechas distintas y coberturas distintas según el contrato que firmó, esa misma tarea deja de ser puntual y pasa a ser continua. No es que se vuelva más difícil: es que se vuelve permanente.
Ahí es donde tenerlo sistematizado cambia las cosas. No para revisar mejor un contratista, sino para saber, en cualquier momento y sin reconstruirlo, cuáles están al día y cuáles no.

En resumen

El control de seguros de contratistas no es un trámite de ingreso. Es un estado que hay que sostener mientras dure la relación.
Y la diferencia entre pedir un certificado y verificar una cobertura es, en la práctica, la diferencia entre tener un papel archivado y saber que si algo pasa, hay con qué responder.

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